Joyas bajomedievales

JOYAS MEDIEVALES.

El estudio de la joyería española en la Baja Edad Media, es una tarea muy compleja, ya que las joyas como piezas fungibles, se destruyen con el uso, o se adaptan a las modas que van surgiendo en cada momento, reutilizándose sus materiales, tanto metales preciosos como piedras, para crear otras joyas nuevas, de manera similar a lo que se hace actualmente.

Por otra parte, se produce una disminución del número de piezas arqueológicas recuperables con respecto a épocas anteriores, debido a que en la Baja Edad Media la tradición precristiana de enterrar a los muertos con sus joyas cambió a partir del siglo XI, de manera que en la España del siglo XIII, la legislación llegó incluso a prohibir en ciertas ocasiones la introducción de prendas y ornamentos ricos en las tumbas, como sucede en las Partidas de Alfonso X (Partida I, Título XIII, Ley XIII), que no obstante, excluían de este precepto a los fallecidos de las clases sociales más altas, como podéis leer a continuación:

“Por qué razón no deben meter ornamentos preciados a los muertos. Ricas vestiduras ni otros guarnimientos preciados, así como oro o plata, no deben meter a los muertos, sino a personas ciertas, así como a rey, o a reina, o a alguno de sus hijos, o a otro hombre honrado o caballero, quien soterrasen según la costumbre de la tierra; o a obispo o a clérigo, o a quien deben soterrar con los vestimentos que les pertenece según la orden que han. E esto defendió santa Iglesia por tres razones. La primera, porque no ha pro a los muertos en este mundo ni en el otro. La segunda, porque ha daño los vivos, pues las pierden metiéndolas en lugar donde las no deben tomar. La tercera, porque los hombres malos, por codicia de tomar los ornamentos que les meten, quebrantan los lucillos e desotierran los muertos”.

Entre los materiales utilizados en la elaboración de las joyas destacaron el oro y la plata, para cuya decoración se emplearon distintas técnicas como fueron el repujado, la filigrana y el granulado; así como el esmalte sobre relieve. También fueron empleados otros metales de menor calidad como el estaño o el latón. Los anteriores metales se complementaron muy frecuentemente con piedras preciosas o semipreciosas, cuyo valor radicaba en su simbología, siendo utilizadas como amuletos o talismanes. Las mismas eran trabajadas por los tallistas, siendo destacables los camafeos, algunos llegados hasta la Edad Media, desde el mundo clásico y reutilizados en nuevas joyas de gran riqueza; así como los entalles y cabujones. A principios del siglo XIV se desarrolló una nueva técnica para cortar las piedras en facetas angulares que, procedente de la India y Persia, iba a ser muy pronto dominada por los lapidarios europeos, consiguiéndose de esta forma que las piedras tuvieran más brillo y reflejos.

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