El canon de belleza medieval

En la Baja Edad Media cristiana, los cosméticos y perfumes estaban en relación con el embellecimiento del cuerpo, de acuerdo con unos determinados cánones de belleza, con el fin de resultar más atractivos sexualmente. No obstante, ya desde la época de Tertuliano a comienzos del siglo III, el cuidado y la modificación del cuerpo habían sido asociados a dos pecados: la lujuria y el orgullo, ya que todo aquello que era natural se asociaba a la obra de Dios, mientras que lo ficticio era obra del diablo, por lo que dicho autor, en uno de sus sermones, advertía del peligro, recomendando por el contrario acicalarse por medio exclusivo de los:

“ungüentos y ornamentos de los profetas y apóstoles, tomando la blancura de la sencillez, el rubor de la honestidad, pintados vuestros ojos con la vergüenza y vuestra boca con la discreción…”

(De Cultu Femiarum, libro II, capítulo 13.7)

En los Cuentos de Canterbury , obra escrita en el siglo XIV por el inglés Geoffrey Chaucer (ca. 1340-1400), se hace la recomendación de apoyarse en el siguiente texto de San Pablo (I Timoteo II:9):

“Que las mujeres se adornen modestamente, con recato y sobriedad…”

En la primera parte del Roman de la Rose, escrita por Guillaume de Lorris entre 1225 y 1240, se hace referencia al mismo tema, al recomendar:

“Cósete las mangas, peina tus cabellos,
pero no te empolves y no te depiles,
pues estas son cosas propias de mujeres
o de quienes tienen condición dudosa,
que encuentran placer, desgraciadamente,
en unos amores contranaturales”

Continúa leyendo El canon de belleza medieval