Tocados judíos bajomedievales

La mujer judía, como ya os indiqué al hablar del vestido, solía copiar las modas de las mujeres que vivían en su entorno, por ello, si vivían en territorios reconquistados, se vestían como las cristianas y si lo hacían en al-Ándalus como las mujeres musulmanas. No obstante sí que utilizaron ciertas prendas características de su étnia. Sabemos, por ejemplo, que, a pesar de que el velo no era obligatorio para las mujeres judías, fue costumbre utilizarlo entre familias respetables y ricas, como se desprende de ciertas fuentes literarias. Entre ellas se encuentra la obra de Semu’el ha-Nagib (Mérida, 993-Granada, 1056), Ben Misle (El Hijo de los proverbios), de carácter moral y sapiencial, uno de cuyos proverbios dice:

“Su rostro es como los genitales expuestos en la vía pública, que deben cubrirse con chales y velos”

No hay apenas textos literarios o documentales que se refieran al tocado de la mujer judía. No obstante, en las fuentes iconográficas de distintos lugares europeos, especialmente en pintura, aparece muy frecuentemente reflejada una toca lazada, indistintamente al lado izquierdo o derecho, generalmente de color amarillo, ya que, como recordaréis este era el color reservado a los judíos, a los que se les prohibía el rojo o el verde en sus tocados.

En la imagen que podéis ver a continuación, aparece el mencionado tocado que luce una judía segoviana a la que le ocurrió un milagro narrado en las Cantigas de Santa María. Esta judía segoviana estaba a punto de ser lanzada desde un precipicio, pero invocando a la Virgen y prometiendo su conversión se salvó de morir. Como veis, en esta ocasión, tanto el texto como la imagen que lo acompaña, no dejan lugar a dudas sobre este tipo de tocado y su color, utilizado por las mujeres judías castellanas.

Cantigas de Santa María. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-I. 1. Cantiga CVII-5.
Cantigas de Santa María. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-I. 1. Cantiga CVII-5.

Semejante al tocado que acabamos de ver, es el que luce María Salomé en la Presentación en el Templo, pintura mural de aproximadamente 1333, procedente de la iglesia de San Pedro de Olite, que decoraba la capilla de la Virgen del Campanal. Actualmente se conserva en Pamplona, Museo de Navarra.

María Salomé con tocado judío lazado en un lado. Presentación en el templo. Pamplona, Museo de Navarra.
María Salomé con tocado judío amarillo, lazado en un lado. Presentación en el templo.
Pamplona, Museo de Navarra.

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Tocados musulmanes

El tocado de la mujer musulmana en la Edad Media es muy difícil de estudiar, ya que son pocos los textos que aportan información sobre el tema. Hay que señalar que, al igual que ocurría con la indumentaria propia de esta etnia, el tocado prácticamente no sufre variaciones a lo largo de las centurias. En los siglos XIII y XIV, y en el medio rural, se conservó lo que acaso fuera el tocado andalusí original, es decir, para los hombres un casquete de fieltro o un gorro de lana ( al-gifar o gifara), de color rojo o verde, ya que el de color amarillo estaba reservado a los judíos quienes tenían prohibido el uso de cualquier otro color, según señala el historiador granadino del siglo XIII Ibn Said, en su libro Al-Mugrib fī ḥulā al-Magrib (Lo extraordinario sobre las joyas de Occidente).
El tocado habitual de las mujeres musulmanas era la toca (imama), que utilizaba de forma similar a las cristianas, y que vemos en las siguientes imágenes.

Musulmana cubriéndose con "Imama". Libro de Ajedrez, Dados y Tablas. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-1-6, fol. 58r.
Musulmana cubriéndose con “Imama”.
Libro de Ajedrez, Dados y Tablas. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-1-6, fol. 58r.
Musulmanas tocadas con "Imama". Libro de los animales. Milán, Biblioteca Ambrosiana. Ms. árabe D 140 inf. Yahiz, fol. 29r.
Musulmanas tocadas con “Imama”. Libro de los animales.
Milán, Biblioteca Ambrosiana. Ms. árabe D 140 inf. Yahiz, fol. 29r.

En ciertas ocasiones la mujer se cubría todo el rostro con un velo denominado niqab, mencionado en ciertas obras literarias como es el caso del poema del siglo XII, del levantino Ibn al-Zaqqaq “La bella pudorosa“, donde se hace referencia al acto reflejo de cubrirse la cara de la siguiente forma:

“Mas, al verme llorar, sintió sonrojo,
y tras el velo (niqab) recató su cara.
El sol así, cuando la nube llora,
se esconde vergonzoso entre el celaje”.

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El Tocado de las cristianas en la Baja Edad Media.

A lo largo de toda la Edad Media las mujeres estaban obligadas a cubrirse la cabeza, ya que llevarla descubierta, al menos las mujeres cristianas de cierta edad o casadas, estaba mal visto por la Iglesia, que se apoyaba en las recomendaciones hechas por San Pablo a los Corintios en su Primera Epístola, donde dice:

“… si una mujer no se cubre con un velo la cabeza, que se la rape. Y si es cosa fea a una mujer el cortarse el pelo, o raparse, cubra su cabeza”. (Primera Carta de San Pablo a los Corintios, 11.6)

A continuación en el mismo texto, se alude claramente a la sumisión de la esposa a su marido, ya que el hombre es el único en poder exhibirse con la cabeza descubierta. Así, a excepción de las doncellas, que podían llevar el cabello suelto sujeto con cintas de colores, o las muy ricas “guirnaldas” y “trezas” o “frontaleras”, todas las demás mujeres van a cubrirse la cabeza con distintos tocados, compuestos en numerosas ocasiones, por distintas prendas combinadas entre sí, como iremos viendo en posteriores capítulos.

En la imagen que vemos a continuación aparece la Virgen con varias jóvenes, adornando sus cabellos con “trezas”, también denominadas “frontaleras”, conocida en Inglaterra con el nombre de “chaplets” y en Francia como “chapel” o “chapelet”. Este tipo de guirnalda podía ser enormemene rica, ya que estaba realizada en oro o plata y decorada con flores artificales, a veces representadas por medio de racimos de joyas en diferentes colores, todo ello montado sobre un armazón de alambre. En ocasiones dichas flores de orfebrería podían ir cosidas sobre un galón.

Jóvenes vírgenes tocándose con trezas. Luis Borrassá: Retablo de la Virgen y San Francisco. Convento de San Francisco, Villafranca del Penedés (Barcelona).
Jóvenes vírgenes tocándose con trezas.
Luis Borrassá: Retablo de la Virgen y San Francisco.
Convento de San Francisco, Villafranca del Penedés (Barcelona).

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