TOCADOS MEDIEVALES. CINTAS Y GUIRNALDAS.

CINTAS

Durante el siglo XIII el tocado más característico de una doncella en todo el occidente cristiano consistía en una cinta de color, a veces adornada con flores naturales, que sujetaba el cabello dejándolo suelto después. Un ejemplo lo tenemos en el fol 5 del Libro de Ajedrez, Dados y Tablas, ca. 1283, conservado en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Ms. T-1-6) , (fig. 1); así como en la Cantiga CCCXXX del denominado “Códice de los Músicos”, de ca. 1275, conservado igualmente en el Monasterio Escurialense (Ms. B.J.2), ( (fig. 2).

Fig. 1. Doncellas sujetando sus cabellos con cintas.
Fig. 1. Doncellas sujetando sus cabellos con cintas.
Fig. 2. Doncella adornando sus cabellos con una cinta.
Fig. 2. Doncella adornando sus cabellos con una cinta.

Más ricas que las cintas eran las guirnaldas, conocidas en Cataluña como “garlandas” y en Francia e Inglaterra como “guirlands“.  Utilizadas por las damas y caballeros nobles franceses ya desde el siglo XI, en los siglos XIII y XIV esta moda, tanto masculina como femenina, se extiende con gran fuerza por el resto de Europa. Continúa leyendo TOCADOS MEDIEVALES. CINTAS Y GUIRNALDAS.

Vestimenta bajomedieval. La braga.

La vestimenta bajomedieval, como ya os señalé en su momento, consta de distintas prendas. La primera sería la braga, que vamos a estudiar hoy.

 

La braga de cristianos y judíos.

Aunque en distintos blogs que tratan este tema se señala que la braga femenina y masculina eran iguales, debéis saber que es erróneo. En cuanto a la utilizada por el hombre, son numerosísimas las fuentes iconográficas que nos la muestran; así, por ejemplo la vemos representada en numerosas Cantigas de Santa María o en el Libro de Ajedrez, Dados y Tablas.

Braga masculina. Cantigas de Santa María. Cantiga XXII
Braga masculina. Cantigas de Santa María. Monasterio de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-I-1, Cantiga XXII (detalle).
Braga masculina. Libro de Ajedrez, Dados y Tablas. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-I-6, fol. 65 v.
Braga masculina. Libro de Ajedrez, Dados y Tablas. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-I-6, fol. 65 v. (detalle)

     Como vemos en las imágenes, la braga masculina era una especie de calzón corto que se sujetaba por medio de un cinturón llamado “braguero”.

    Al contrario que ocurre con las prendas masculinas, son prácticamente inexistentes las referencias escritas o iconográficas sobre la braga femenina. Una de las menciones se encuentra en el Libro de Alexandre, de mediados del siglo XIII (estrofa 1870). No obstante, al referirse a las amazonas, deja bien clara su semejanza con el sexo masculino:

                       “Fasta la media pierna                       les da la vestidura,

                        non caeríe en tierra                             por palmo de mesura;

                        calçan bragas muy prietas                 con firme ligadura,

                        semejan bien varones                       en toda su fechura.”

A pesar de los pocos datos con que contamos, sí hay constancia de que la mujer utilizaba en ocasiones la braga y que ésta, en  el siglo XIII era larga hasta el tobillo, similar a la “braca”, que era un calzón ancho y largo,  propio de los habitantes de la Galia durante la dominación romana. Continúa leyendo Vestimenta bajomedieval. La braga.

El canon de belleza medieval

En la Baja Edad Media cristiana, los cosméticos y perfumes estaban en relación con el embellecimiento del cuerpo, de acuerdo con unos determinados cánones de belleza, con el fin de resultar más atractivos sexualmente. No obstante, ya desde la época de Tertuliano a comienzos del siglo III, el cuidado y la modificación del cuerpo habían sido asociados a dos pecados: la lujuria y el orgullo, ya que todo aquello que era natural se asociaba a la obra de Dios, mientras que lo ficticio era obra del diablo, por lo que dicho autor, en uno de sus sermones, advertía del peligro, recomendando por el contrario acicalarse por medio exclusivo de los:

“ungüentos y ornamentos de los profetas y apóstoles, tomando la blancura de la sencillez, el rubor de la honestidad, pintados vuestros ojos con la vergüenza y vuestra boca con la discreción…”

(De Cultu Femiarum, libro II, capítulo 13.7)

En los Cuentos de Canterbury , obra escrita en el siglo XIV por el inglés Geoffrey Chaucer (ca. 1340-1400), se hace la recomendación de apoyarse en el siguiente texto de San Pablo (I Timoteo II:9):

“Que las mujeres se adornen modestamente, con recato y sobriedad…”

En la primera parte del Roman de la Rose, escrita por Guillaume de Lorris entre 1225 y 1240, se hace referencia al mismo tema, al recomendar:

“Cósete las mangas, peina tus cabellos,
pero no te empolves y no te depiles,
pues estas son cosas propias de mujeres
o de quienes tienen condición dudosa,
que encuentran placer, desgraciadamente,
en unos amores contranaturales”

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Joyas bajomedievales

JOYAS MEDIEVALES.

El estudio de la joyería española en la Baja Edad Media, es una tarea muy compleja, ya que las joyas como piezas fungibles, se destruyen con el uso, o se adaptan a las modas que van surgiendo en cada momento, reutilizándose sus materiales, tanto metales preciosos como piedras, para crear otras joyas nuevas, de manera similar a lo que se hace actualmente.

Por otra parte, se produce una disminución del número de piezas arqueológicas recuperables con respecto a épocas anteriores, debido a que en la Baja Edad Media la tradición precristiana de enterrar a los muertos con sus joyas cambió a partir del siglo XI, de manera que en la España del siglo XIII, la legislación llegó incluso a prohibir en ciertas ocasiones la introducción de prendas y ornamentos ricos en las tumbas, como sucede en las Partidas de Alfonso X (Partida I, Título XIII, Ley XIII), que no obstante, excluían de este precepto a los fallecidos de las clases sociales más altas, como podéis leer a continuación:

“Por qué razón no deben meter ornamentos preciados a los muertos. Ricas vestiduras ni otros guarnimientos preciados, así como oro o plata, no deben meter a los muertos, sino a personas ciertas, así como a rey, o a reina, o a alguno de sus hijos, o a otro hombre honrado o caballero, quien soterrasen según la costumbre de la tierra; o a obispo o a clérigo, o a quien deben soterrar con los vestimentos que les pertenece según la orden que han. E esto defendió santa Iglesia por tres razones. La primera, porque no ha pro a los muertos en este mundo ni en el otro. La segunda, porque ha daño los vivos, pues las pierden metiéndolas en lugar donde las no deben tomar. La tercera, porque los hombres malos, por codicia de tomar los ornamentos que les meten, quebrantan los lucillos e desotierran los muertos”.

Entre los materiales utilizados en la elaboración de las joyas destacaron el oro y la plata, para cuya decoración se emplearon distintas técnicas como fueron el repujado, la filigrana y el granulado; así como el esmalte sobre relieve. También fueron empleados otros metales de menor calidad como el estaño o el latón. Los anteriores metales se complementaron muy frecuentemente con piedras preciosas o semipreciosas, cuyo valor radicaba en su simbología, siendo utilizadas como amuletos o talismanes. Las mismas eran trabajadas por los tallistas, siendo destacables los camafeos, algunos llegados hasta la Edad Media, desde el mundo clásico y reutilizados en nuevas joyas de gran riqueza; así como los entalles y cabujones. A principios del siglo XIV se desarrolló una nueva técnica para cortar las piedras en facetas angulares que, procedente de la India y Persia, iba a ser muy pronto dominada por los lapidarios europeos, consiguiéndose de esta forma que las piedras tuvieran más brillo y reflejos.

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Calzado medieval en cuero.

El cuero utilizado en la confección del calzado en la Edad Media procedía de distintos animales, como vaca, cabrito, o carnero, como se pone de manifiesto en numerosos documentos de la época; así, en las Cortes celebradas en 1252 en Sevilla, Alfonso X ordenaba que se pagaran los realizados con cabrito del siguiente modo:

“Çapatos prietos de cabrito entallados et de acuerda V pares por un mr los meiores”

En el Ordenamieno de Menestrales, otorgado por Pedro I en las Cortes de Valladolid de 1351, se fijaban, entre otras cosas, los jornales de los distintos artesanos, así como las hechuras de los vestidos y el precio que debían tener las distintas piezas de calzado según las pieles con que estuvieran hechos. En este interesante documento encontramos referencias a la piel de cabrito, así como a la de vaca para la elaboración del calzado, como vemos a continuación:

“… et por el par de los zapatos de cabrito, quinse dineros… Et á los otros zapateros de lo corado, denles por el par de las zapatas de vaca, tres maravedís é medio”

En las Cortes de Toro, celebradas en 1369 se hace referencia a la piel de carnero al señalar:

“… é que den el par de los zapatos de… o de carnero para los mayores el par por tres maravedís é medio, é los menores por dos maravedís é medio”

A lo largo de los siglos XIII y XIV se utilizó asimismo la badana, piel o cuero curtido de carnero, vaca u oveja, famosa por su gran blandura y suavidad, como se desprende de distintos documentos. Entre ellos, el ya mencionado Ordenamiento de Menestrales, donde leemos:

“…et por el par de los zapatos de laso de badana para ome, tres maravedís : … et por el par de las zapatas de badana de muger, á dies é ocho dineros : et por el par de los zuecos pretos é blancos de badana é dende ayuso, lo mejor que se abenieren”

Muy popular fue también el guadamecí, badana curtida y posteriormente adornada con dibujos de pintura o relieves. El origen de la palabra procede del árabe “yild gademesi”, cuero de Gadamés, (oasis de Libia), donde parece que se inició su elaboración, y desde donde se extendería a varias ciudades de la España musulmana y de ahí a la cristiana. En 1316 se fabricaban en Barcelona y Valencia . El proceso de elaboración consistía básicamente en, una vez curtida la piel, se mojaba, se reblandecía, se batía y golpeaba para suavizarla y estirarla. Una vez seca se encolaba y se aplicaban las láminas de plata, que se bruñían posteriormente para conseguir un brillo deseado. Una vez plateado el cuero se imprimía el dibujo, utilizando distintas técnicas. Posteriormente se aplicaba el barniz, que solía llamarse oro, porque una vez seco lo imitaba. A veces, según los casos, se raspaban ciertas partes quedando la plata vista.

Uno de los materiales más importantes en la Edad Media fue el cordobán, piel o cuero curtido de cabra o macho cabrío. Según el Diccionario de la Real Academia Española, procede de Córdoba, ciudad de fama en la preparación de estas pieles durante la Edad Media, siendo el más estimado en Europa. Ya en el siglo VIII, en tiempos de Carlomagno (768-814), Córdoba abastecía los mercados occidentales de esta piel para la fabricación del calzado de lujo y a finales del siglo XIII, existe constancia de que en Inglaterra, los zapateros londinense se reunían para comprar cordobán a los mercaderes españoles.

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La moda en el calzado en la Edad Media. Calzado en tela.

Durante toda la Edad Media el calzado adquirió una gran importancia, pasando de ser un objeto meramente práctico a convertirse en piezas de verdadero lujo, acorde con la moda de cada momento. La ostentación en el atuendo, y dentro de éste, el calzado rico, estaba en relación directa con el poder y la importancia de la monarquía que los exhibía en las grandes ocasiones como fiestas cortesanas, enterramientos, ceremonias solemnes de coronaciones, negociaciones políticas, etc.

Por otra parte es importante señalar que el estudio del calzado femenino resulta especialmente complejo, ya que la vestimenta cubría por completo los pies de las mujeres, apareciendo muy raramente representado en las fuentes iconográficas. No obstante, sabemos con certeza que era básicamente igual al utilizado por los hombres, quienes en estos momentos marcaban la moda. Es importante señalar asimismo que el calzado utilizado en la Baja Edad Media por cristianos, musulmanes y judíos fue similar, exceptuando ciertas características que veremos otro día.

En estos momentos el calzado llegó a fabricarse con materiales de gran calidad, bien tejidos, enriquecidos con bordados, plata, oro o incluso piedras preciosas; bien con cueros finísimos, como badanas o cordobanes, que podían ser dorados o plateados, e ir decorados de muy diversas maneras.

Este tipo de calzado ricamente adornado estuvo muy de moda tanto en la Europa cristiana como en los países del Islam, como se desprende de distintas fuentes documentales y literarias. Entre ellas se encuentra el Libro de Alexandre, de mediados del siglo XIII, donde leemos:

“Qual quier de los çapatos valía una çidat…”

Dado que este capítulo dedicado al calzado puede ser bastante extenso, hoy os hablaré sólo del realizado en tela, para cuya confección se utilizaban normalmente tejidos de cierta delicadeza elaborados con sedas, entre ellos los cendales, como se desprende de un pasaje de la Gran Conquista de Ultramar, de hacia 1295:

” … e’ fizo adocil ant’el los cendales con que fue calzado”

Quiero aclarar que el cendal era una tela de gran delicadeza, elaborada con seda o lino, documentado en Castilla desde el siglo XIII. Aunque de origen oriental, estuvo muy extendido en Occidente, fabricándose principalmente en Alejandría, Luca, Montpellier y Andalucía; en la Corona de Castilla se elaboraron en Toledo, según se desprende de las Cortes de Alcalá de Henares de 1348, donde Alfonso XI autorizaba que:

“Las del común de la villa casadas con omnes ffijosdalgo, e con omes que mantengan cavallos u armas… que puedan vestir cendalles de Toledo”

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Tocados judíos bajomedievales

La mujer judía, como ya os indiqué al hablar del vestido, solía copiar las modas de las mujeres que vivían en su entorno, por ello, si vivían en territorios reconquistados, se vestían como las cristianas y si lo hacían en al-Ándalus como las mujeres musulmanas. No obstante sí que utilizaron ciertas prendas características de su étnia. Sabemos, por ejemplo, que, a pesar de que el velo no era obligatorio para las mujeres judías, fue costumbre utilizarlo entre familias respetables y ricas, como se desprende de ciertas fuentes literarias. Entre ellas se encuentra la obra de Semu’el ha-Nagib (Mérida, 993-Granada, 1056), Ben Misle (El Hijo de los proverbios), de carácter moral y sapiencial, uno de cuyos proverbios dice:

“Su rostro es como los genitales expuestos en la vía pública, que deben cubrirse con chales y velos”

No hay apenas textos literarios o documentales que se refieran al tocado de la mujer judía. No obstante, en las fuentes iconográficas de distintos lugares europeos, especialmente en pintura, aparece muy frecuentemente reflejada una toca lazada, indistintamente al lado izquierdo o derecho, generalmente de color amarillo, ya que, como recordaréis este era el color reservado a los judíos, a los que se les prohibía el rojo o el verde en sus tocados.

En la imagen que podéis ver a continuación, aparece el mencionado tocado que luce una judía segoviana a la que le ocurrió un milagro narrado en las Cantigas de Santa María. Esta judía segoviana estaba a punto de ser lanzada desde un precipicio, pero invocando a la Virgen y prometiendo su conversión se salvó de morir. Como veis, en esta ocasión, tanto el texto como la imagen que lo acompaña, no dejan lugar a dudas sobre este tipo de tocado y su color, utilizado por las mujeres judías castellanas.

Cantigas de Santa María. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-I. 1. Cantiga CVII-5.
Cantigas de Santa María. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-I. 1. Cantiga CVII-5.

Semejante al tocado que acabamos de ver, es el que luce María Salomé en la Presentación en el Templo, pintura mural de aproximadamente 1333, procedente de la iglesia de San Pedro de Olite, que decoraba la capilla de la Virgen del Campanal. Actualmente se conserva en Pamplona, Museo de Navarra.

María Salomé con tocado judío lazado en un lado. Presentación en el templo. Pamplona, Museo de Navarra.
María Salomé con tocado judío amarillo, lazado en un lado. Presentación en el templo.
Pamplona, Museo de Navarra.

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Tocados musulmanes

El tocado de la mujer musulmana en la Edad Media es muy difícil de estudiar, ya que son pocos los textos que aportan información sobre el tema. Hay que señalar que, al igual que ocurría con la indumentaria propia de esta etnia, el tocado prácticamente no sufre variaciones a lo largo de las centurias. En los siglos XIII y XIV, y en el medio rural, se conservó lo que acaso fuera el tocado andalusí original, es decir, para los hombres un casquete de fieltro o un gorro de lana ( al-gifar o gifara), de color rojo o verde, ya que el de color amarillo estaba reservado a los judíos quienes tenían prohibido el uso de cualquier otro color, según señala el historiador granadino del siglo XIII Ibn Said, en su libro Al-Mugrib fī ḥulā al-Magrib (Lo extraordinario sobre las joyas de Occidente).
El tocado habitual de las mujeres musulmanas era la toca (imama), que utilizaba de forma similar a las cristianas, y que vemos en las siguientes imágenes.

Musulmana cubriéndose con "Imama". Libro de Ajedrez, Dados y Tablas. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-1-6, fol. 58r.
Musulmana cubriéndose con “Imama”.
Libro de Ajedrez, Dados y Tablas. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Biblioteca, Ms. T-1-6, fol. 58r.
Musulmanas tocadas con "Imama". Libro de los animales. Milán, Biblioteca Ambrosiana. Ms. árabe D 140 inf. Yahiz, fol. 29r.
Musulmanas tocadas con “Imama”. Libro de los animales.
Milán, Biblioteca Ambrosiana. Ms. árabe D 140 inf. Yahiz, fol. 29r.

En ciertas ocasiones la mujer se cubría todo el rostro con un velo denominado niqab, mencionado en ciertas obras literarias como es el caso del poema del siglo XII, del levantino Ibn al-Zaqqaq “La bella pudorosa“, donde se hace referencia al acto reflejo de cubrirse la cara de la siguiente forma:

“Mas, al verme llorar, sintió sonrojo,
y tras el velo (niqab) recató su cara.
El sol así, cuando la nube llora,
se esconde vergonzoso entre el celaje”.

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El Tocado de las cristianas en la Baja Edad Media.

A lo largo de toda la Edad Media las mujeres estaban obligadas a cubrirse la cabeza, ya que llevarla descubierta, al menos las mujeres cristianas de cierta edad o casadas, estaba mal visto por la Iglesia, que se apoyaba en las recomendaciones hechas por San Pablo a los Corintios en su Primera Epístola, donde dice:

“… si una mujer no se cubre con un velo la cabeza, que se la rape. Y si es cosa fea a una mujer el cortarse el pelo, o raparse, cubra su cabeza”. (Primera Carta de San Pablo a los Corintios, 11.6)

A continuación en el mismo texto, se alude claramente a la sumisión de la esposa a su marido, ya que el hombre es el único en poder exhibirse con la cabeza descubierta. Así, a excepción de las doncellas, que podían llevar el cabello suelto sujeto con cintas de colores, o las muy ricas “guirnaldas” y “trezas” o “frontaleras”, todas las demás mujeres van a cubrirse la cabeza con distintos tocados, compuestos en numerosas ocasiones, por distintas prendas combinadas entre sí, como iremos viendo en posteriores capítulos.

En la imagen que vemos a continuación aparece la Virgen con varias jóvenes, adornando sus cabellos con “trezas”, también denominadas “frontaleras”, conocida en Inglaterra con el nombre de “chaplets” y en Francia como “chapel” o “chapelet”. Este tipo de guirnalda podía ser enormemene rica, ya que estaba realizada en oro o plata y decorada con flores artificales, a veces representadas por medio de racimos de joyas en diferentes colores, todo ello montado sobre un armazón de alambre. En ocasiones dichas flores de orfebrería podían ir cosidas sobre un galón.

Jóvenes vírgenes tocándose con trezas. Luis Borrassá: Retablo de la Virgen y San Francisco. Convento de San Francisco, Villafranca del Penedés (Barcelona).
Jóvenes vírgenes tocándose con trezas.
Luis Borrassá: Retablo de la Virgen y San Francisco.
Convento de San Francisco, Villafranca del Penedés (Barcelona).

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El Vestido Femenino en la Baja Edad Media

La Mujer Cristiana

Cuando nos paramos a pensar en cómo se vestía la mujer cristiana en la Baja Edad Media, para sentirse bella y atractiva, no debemos hacerlo con la mentalidad de hoy en día en que una mujer rica puede aparecer vestida con un pantalón vaquero lleno de agujeros, sino teniendo en consideración fundamentalmente dos factores que os explico a continuación.

En primer lugar está la importancia del vestido como indicador del estatus social; así, en el caso de las clases sociales más elevadas, el número de prendas que se superponían se multiplicaba.

En cuanto a estas prendas podríamos hacer una división en distintas categorías, que iremos analizando con todo detalle en futuros artículos: prendas interiores, entre las que se incluyen la camisa, la braga, las calzas y el corsé o soquejo. Prendas de debajo, que comprenden la saya y el brial. Sobre estas últimas se vestían las prendas de encima, como son la cota, el pellote, la piel y la cotardía. En el siguiente grupo se hallan las prendas exteriores, como eran las capas, los tabardos y las hopalandas.

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